—Además, Damian podría habérselo comprado a Alfred y habérselo dado a Sienna así, sin más —murmuró Adelina, con la voz quebrada por la desilusión.
Los ojos de Maya se abrieron de par en par, reflejando una sorpresa indignada. —Damian debería haber reconocido la firma de tu madre, Adelina. No hay forma de que no supiera lo que ese cuadro significaba para ti.
Adelina se sentía agotada, como si el peso de todo Honduras cayera sobre sus hombros. Caminó con torpeza hasta el borde de la cama y se sen