—¿Están listos?— la pregunta que he hecho como por 1237311233 vez y no se rían, pero tener tanta mujer en esta casa es exasperante.
Estamos sentados con Nicco y George en el gran sillón de su sala, porque sí, nos vinimos todos a vivir con ellos hasta que encontremos una casa más grande.
—Esta es una batalla perdida papá, ¿Cierto abuelito George?— y qué hace el viejo, asentir y soltar una enorme carcajada.
—Por supuesto que si, mi querido nieto, Mujeres.
—¡Dios, Mujeres!— ambos resoplan al uníso