La pregunta de mi padre quedó suspendida en el aire de la cocina.
Sentí cómo la sangre abandonaba mi rostro.
Durante un segundo pensé en decir algo, en inventar alguna explicación absurda que me diera tiempo para pensar, pero sabía que no había salida. El papel con el logo del hospital estaba en sus manos y su mirada no se apartaba de mí.
Era la mirada de un hombre que ya sabía que algo estaba terriblemente mal.
—Clara —repitió con voz grave—. Te hice una pregunta.
Mis manos comenzaron a tembla