Capítulo 30

No había dormido casi nada, tal vez una hora, tal vez incluso menos.

Cuando el despertador sonó, sentí como si mi cabeza pesara el doble y mis ojos estuvieran llenos de arena. Me miré en el espejo del baño y confirmé lo que ya sospechaba: ojeras oscuras, rostro pálido y una expresión que claramente decía crisis existencial.

Perfecto para ir a trabajar.

Cuando llegué a la oficina, dos compañeros de contabilidad estaban junto a la cafetera.

Uno de ellos me miró y soltó una pequeña risa.

—Clara, ¿
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