(Sandra)
—Entra —murmuré finalmente.
Eduardo levantó apenas la cabeza para mirarme y algo en sus ojos hizo que el aire entre nosotros cambiara de inmediato, volviéndose más íntimo, más intenso, más difícil de ignorar.
Abrí la puerta y apenas entramos a la casa la tensión terminó de romperse.
Ni siquiera recuerdo quién se movió primero.
La espalda me ardió en un escalofrío delicioso cuando el frío de la pared chocó contra mi piel, pero el calor de Eduardo lo borró todo un segundo después. Sus ma