(Eduardo)
La rutina debería haber servido para devolver todo a su lugar, para hacer que las piezas encajaran otra vez sin esfuerzo, pero esa mañana nada terminaba de asentarse, porque aunque todo seguía funcionando como siempre, había algo distinto en el ambiente, algo que no se decía en voz alta pero que se sentía en cada movimiento, en cada mirada que se desviaba demasiado rápido, en cada gesto que parecía medido con más cuidado de lo habitual.
Llegué a la empresa con la puntualidad de