(Eduardo)
El teléfono vibró en mi mano más tiempo del que debería, como si cada segundo fuera una oportunidad para no responder, para dejar que todo se quedara ahí afuera y desaparecer por un rato, aunque fuera solo un rato.
Pero no podía ignorarlo, no después de todo lo que había pasado, así que respondí.
—¿Qué hiciste? —la voz de Sandra llegó sin filtro, rápida y tensa—. ¿Qué pasó con Adrián? ¿Por qué estaban peleando? ¿Y qué mierda fue lo de la copa?
Cada pregunta cayó una tras otra sin darm