( Eduardo)
El agarre de Adrián seguía firme sobre mi camisa, su respiración pesada, descontrolada, demasiado cerca, y por un segundo consideré no moverme, dejar que siguiera, aceptar cada golpe como una extensión natural de todo lo que ya había pasado. Sin embargo, había algo en el ambiente, en el ruido del hospital, en el peso de las miradas y en la certeza que no dejaba de repetirse en mi cabeza, que hacía imposible quedarme ahí.
Me solté con un movimiento seco, apartando sus manos con