(Clara)
Llegué a la casa con el enojo todavía pegado al pecho, como si lo hubiera traído conmigo desde la oficina y no hubiera forma de soltarlo, y aunque intenté convencerme de que no era para tanto, de que podía dejarlo pasar, la realidad era otra: me molestaba, me dolía… y sí, tenía que ver con él.
No saludé a nadie, subí directo a la habitación y me dejé caer en la cama mirando el techo como si ahí fuera a encontrar respuestas, pero lo único que encontré fue más frustración, así que cuando