(Clara)
Los rumores ya no eran sutiles ni intentaban esconderse detrás de miradas o comentarios a medias; esta vez eran directos, casi descarados, como si todos hubieran decidido al mismo tiempo que no valía la pena fingir.
—¿Ya viste? —murmuró alguien cerca de mi escritorio—. La señora vicepresidenta llegó temprano hoy.
—Normal —respondió otro—. Tiene que cuidar su puesto… y a su esposo.
Las risas no fueron fuertes, pero sí lo suficientemente claras como para que llegaran sin problem