La casa estaba en silencio cuando llegué.
No ese silencio incómodo de los días anteriores, cargado de tensión y miradas invisibles, sino uno distinto, más tranquilo, casi engañoso, como si por unas horas el mundo hubiera decidido darme un respiro.
Cerré la puerta detrás de mí y dejé el bolso sobre la mesa con un suspiro largo.
—Día complicado.
—Lo imaginé.
Me giré de inmediato.
Adrián estaba ahí.
De pie, apoyado contra la pared como si hubiera estado, con esa seguridad suya que