Todo iba relativamente bien, lo cual, considerando mi situación actual, ya era sospechoso. Había logrado sentarme, abrir mi computadora y fingir que tenía el control de mi vida durante al menos una hora completa, lo que en ese momento contaba como un logro importante.
—Clara…
Levanté la mirada con una sonrisa automática que no estaba del todo conectada con mi estado real.
—¿Sí?
Marta me observaba con una atención incómodamente detallada, como si estuviera armando un rompecabezas con mi cara.
—¿