No tenía respuesta de Daniela. Sentía que el mundo se me venía abajo. Daniela no podía dejarme… y tampoco podía morir mi hija.
—Hijo, te veo muy pálido —dijo mi madre, preocupada, al verme en ese estado.
—Mamá, no hay respuesta de Daniela… estoy desesperado.
—Pronto lo sabrás. Ella estará bien. Tengo fe en que sí.
Vi, a lo lejos, al médico saliendo de la sala de quirófano. Se acercó a nosotros, pero al ver su expresión, mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sin pensarlo, corrí hacia él, lleno