CAPITULO 30

La puerta se abre y corro a abrazar a una de las pocas personas que me acompañan y que considero como una familia.

—Dani, ¿qué pasó? ¿Por qué estás así?

—Clau… —El llanto no me permite hablar, siento como si tuviera la garganta completamente cerrada. Las manos me tiemblan y el llanto se hace cada vez más fuerte, inconsolable.

—Dani, me estás asustando, tienes que calmarte.

Niego con la cabeza varias veces y solo me aferro lo más que puedo a Claudia, como si ella fuera mi salvación, mi lugar
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