Estaba viendo hacia el jardín con un trago en la mano, sentía cómo mi mente divagaba con diferentes pensamientos y formas de solucionar conflictos. Daniela estaba dormida plácidamente, mientras yo estoy aquí, a las 10 de la noche, pensando en qué voy a hacer.
-¡Mierda! Necesito hablar con alguien – Tomo mi teléfono y llamo a mi persona de confianza.
-¿Sabes qué hora es, imbécil? – La voz de Gabriel parece adormilada, lo que me indica que estaba dormido.
-Lo sé, pero necesito hablar con alguien,