Mariana
Despierto y lo primero que siento es su mirada sobre mí. Franco está sentado al borde de la cama, con los brazos cruzados, sonriéndome con esa calma que pocas veces tiene en el club. Me estiro un poco y él se acerca, acariciándome un mechón de cabello.
—Buenos días, dormilona —dice bajito, como si no quisiera romper el momento—. Hoy tengo una sorpresa.
—¿Qué tipo de sorpresa? —pregunto, todavía medio dormida, intentando que mi voz no suene demasiado emocionada.
—Nos vamos de viaje. Dos