Mariana
El olor a café me llega antes de abrir los ojos, y aunque sigo medio dormida, distingo voces en la sala. No suenan fuertes, pero sí lo suficiente para que mi cuerpo se active de golpe, porque una de ellas es la de mi tío… y la otra, aunque quisiera engañarme, es imposible confundirla. Es la de Franco. Me quedo quieta unos segundos intentando ordenar mis ideas, todavía sin entender qué está pasando ni cómo llegó hasta aquí, pero la curiosidad y los nervios me ganan, así que me levanto de