Mariana
Cuando Isa se va, la puerta se cierra con un golpe seco y el departamento queda en silencio. Siento el peso de todo lo que cargué esta semana, los mensajes sin responder, las llamadas perdidas, la culpa, el enojo… y el miedo. Antes de que pueda reaccionar, tocan la puerta otra vez.
Es Franco.
—Ábreme, por favor —su voz suena grave, contenida, distinta.
Yo no respondo. Me quedo quieta, agarrando el borde del sofá como si así pudiera controlar todo lo que siento.
—Sé que estás ahí. Solo…