La recepción en el hotel Waldorf Astoria era un despliegue de lujo que rozaba lo obsceno. El salón estaba decorado con las amapolas que Liam había impuesto, creando un ambiente que, bajo las luces de cristal, parecía bañado en sangre. Mia se movía entre los invitados como un fantasma elegante, con el labio inferior ligeramente hinchado. El mordisco de Liam en el altar ya no sangraba, pero la marca permanecía allí como un recordatorio físico de su propiedad.
No pasó mucho tiempo antes de que Sama