El trayecto al hospital fue el más largo de la vida de Liam Black. Manejó su deportivo a una velocidad temeraria, pero por primera vez, no sentía la adrenalina del poder, sino un vacío helado en el estómago. En su mente se repetía, como una cinta defectuosa, la imagen de Mia desplomándose, luchando por un aire que él mismo le había negado al ignorar sus advertencias.
Cuando las puertas automáticas del hospital se abrieron, el silencio aséptico del pasillo lo golpeó. Al fondo, cerca de la sala de