La Catedral de San Patricio estaba bañada por una luz dorada que se filtraba a través de los vitrales, creando un escenario que cualquier novia habría calificado como un sueño. Pero para Mia, aquel despliegue de opulencia —las amapolas rojas que Liam había elegido, la orquesta de cámara tocando piezas clásicas y el aroma pesado del incienso— se sentía como el decorado de un juicio final.
Desde que salieron de la boutique de novias, Mia no había vuelto a discutir. Se había convertido en un eco. "