La mansión estaba sumida en un silencio tenso cuando Liam cruzó el umbral. Tras él, dos empleados cargaban cajas enormes que contenían el set completo de dinosaurios robóticos, los más avanzados del mercado. Liam todavía sentía el eco de la furia en sus oídos por los comentarios de sus socios; comprar esos juguetes era su forma de reafirmar que él, y solo él, proveía para los que estaban bajo su techo.
—Déjenlos en el cuarto de juegos —ordenó Liam con voz cortante.
Subió las escaleras buscando