La noche había caído sobre la mansión con un silencio denso y cargado de electricidad. En la habitación principal, Mia se había rendido al agotamiento. Estaba acostada en el borde extremo de la inmensa cama matrimonial, dándole la espalda a Liam como si el espacio entre ellos fuera un abismo insalvable. Su respiración era pausada, pero sus hombros se mantenían tensos incluso en sueños, una señal de que ni siquiera durmiendo se sentía a salvo.
Liam estaba sentado en el sillón de lectura, con una