El regreso de Leo a la mansión fue como meter un torbellino de colores en un museo de arte minimalista. El pequeño llegó en una silla de ruedas, aún algo débil pero con los ojos chispeantes de curiosidad, custodiado por Mia y una maleta llena de dinosaurios de plástico.
Liam, que había decidido trabajar desde el estudio para "vigilar la situación", escuchó el escándalo desde que cruzaron el umbral. Risas, pasos apresurados y el choque de juguetes contra el suelo de mármol. Intentó concentrarse