Capítulo Trece

Amelia miró su propio vómito en el retrete, sintiéndose aún más enferma. Había sido una semana infernal, nada se asentaba en su estómago. Y para variar, se le había retrasado la regla.

Todas las emociones de los últimos días estaban alterando violentamente sus hormonas.

- Amelia, ¿está todo bien? ¿Puedo pasar? - preguntó la señora Smith al entrar en la habitación.

Amelia salió del baño, visiblemente asqueada.

- ¡Por el amor de Dios, Amelia! ¡Estás pálida! - dijo Helena mientras Amelia se acerc
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