Los ojos furiosos de Barth ardieron ante lo que había dicho Amelia. Su mano libre agarró con fuerza el cuello de Amelia, apretando allí los dedos mientras le robaba el aire.
- Es mentira. - le gruñó.
Amelia movió la cabeza negativamente.
- El bebé es tuyo. Haz cuentas. - Susurró sin aliento, luchando por tomar aire. - Estoy de cuatro meses.
Barth la miró confundido, como si en realidad estuviera calculando mentalmente mientras algunas personas pasaban rápidamente junto a ellos.
Sin embargo, ma