Capítulo 20. Demasiada familiaridad
El adolescente salió de su parálisis y asintió con la cabeza, mientras iba a la pequeña cocina y buscaba hielo en el congelador.
Lo envolvía con cuidado en un repasador de tela, en tanto pensaba que estaba cansado del acoso y de no poder enfrentar a su padre. Esa misma semana se inscribiría en un gimnasio. Le haría bien.
Muriel se esforzaba por contener las lágrimas, observando cómo Klaus apoyaba las flores en una mesita, y se acercaba a ella con lentitud.
-¿Está bien, señorita Márquez? Supongo