La mañana en la oficina transcurría con un silencio incómodo. Nada parecía haber cambiado físicamente desde que Luciana y Dylan se habían ausentado para su boda, pero el ambiente era distinto, más denso. Los saludos que antes eran alegres y relajados, ahora eran formales, casi ceremoniosos.
—Buenos días, señora Richard —dijo uno de los diseñadores al pasar junto a Luciana.
Ella alzó una ceja. ¿Señora Richard?
—Buenos días —respondió con una sonrisa educada, aunque por dentro no sabía si reí