—Esperen aquí abajo, quiero descansar —dijo con un tono amable pero firme.
—Está bien, señorita Avy. Estaremos atentos —respondió uno de los guardaespaldas, sin quitarle la mirada mientras ella entraba al elevador.
Los dos hombres intercambiaron miradas, acostumbrados a cumplir órdenes, aunque su instinto les dijera lo contrario. Decidieron relajarse un poco y aprovechar el tiempo para tomar un refrigerio en la pequeña cafetería del complejo. Conversaban de manera despreocupada cuando un rugido