Guille
Dos meses podían ser nada o podían ser un mundo, dependiendo de dónde estuvieras parado. Adentro, dos meses eran la misma pared vista con distinta luz, el mismo ruido filtrándose por la misma rendija, el mismo cuerpo endureciéndose para no recordar que todavía sentía. Afuera, en cambio, dos meses eran decisiones, trámites, llamadas, firmas, nombres que se movían como fichas sobre un tablero que yo no veía. Yo solo veía el resultado cuando alguien abría una puerta.
Me llamaron otra vez a