2.27 No puedes morir.
Lia no pudo evitar sentir un alivio indescriptible al escuchar la voz de Evan rugir su nombre entre el caos.
—¡Aquí estoy, amor! ¡Evan, aquí estoy! —gritó desesperada, forcejeando contra las cadenas que la sujetaban aunque sabía que era inútil.
En su vientre, el pequeño que aún no conocía pareció moverse con fuerza, como si también respondiera a la presencia de su padre. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, no de miedo, sino de esperanza.
—Todo saldrá bien, mi pequeño… papi está aquí pa