2.22. Los vamos a sacar de ahí.
Las aguas tumultuosas de Santorini se habían calmado tras la tormenta, dejando a Ian y Alessandra a la deriva en un mar sereno pero implacable. Agotados, sostenían un trozo de madera del naufragado yate, salvavidas en medio del inmenso mar Egeo.
—Alessandra, ¿estás bien? —preguntó Ian, con voz ronca por la sal y el esfuerzo.
—Sí, pero estoy cansada, Ian —respondió ella, tratando de mantenerse despierta y alerta.
De repente, en la distancia, se oyó el sonido de un motor. Los ojos de Ian se ilumin