Justo en ese momento la puerta se abrió, dejando ver a mi madre con varias bolsas en las manos. Esa señora tiene una seria obsesión por las compras.
—¡Ardilla! —mamá tiró las bolsas al piso.
—¿Ardilla? —inquiro Amira sorprendida.
Me levanté como loca. —¡Mamá, levanta tus bolsas! Acabo de trapear el piso.
—Oh, lo siento, ardilla —mamá recogió las bolsas—. ¡Wow, ardilla, la casa está que brilla! —soltó una risita—. ¿Se dieron cuenta de que eso rimó? Pero qué mal educada soy. ¿Cómo estás, Jere