Estiro mi brazo lo más que puedo para alcanzar el empaque de golosinas. Digamos que tener baja estatura tiene sus defectos. Cuando por fin consigo alcanzarlas, hago un tonto baile de la victoria y camino de regreso a la sala.
Echando un vistazo a todo el lugar: hay empaques de frituras tirados por todo el piso, una camiseta en la parte de arriba del sillón, vasos vacíos en el suelo y una que otra botella de cerveza también. Suspiro cansada. Vivir con un hombre es la cosa más horrible que existe, y eso que Dani solo lleva un día aquí.
De verdad, este chico era un dolor de cabeza.
Me dejo caer en el sillón y tomo el control de la tele buscando algún programa para ver. Cuando por fin encuentro un documental sobre tipos de tatuajes, dejo el control a un lado y subo los pies en la mesa frente a mí.
—Emilia, ¿puedes levantar los pies? —dice Dani.
Lo miré e hice una mueca.
—Necesito limpiar esto, es un cochinero. No entiendo cómo puedes vivir así.
Sí, como ya he dicho, vivir con un hom