Capítulo 108
Marco no recordaba haberse sentido tan nervioso en mucho tiempo. Desde muy temprano, su teléfono no dejaba de vibrar con los mensajes de Eva. Le había enviado varias fotografías del niño que decía ser su hijo: un pequeño de ojos claros y cabello dorado, con una sonrisa inocente que, para su desgracia, se le clavó en el pecho como un puñal.
Eva también había preguntado cuándo podría llevarlo a conocerlo. Pero Marco no estaba listo. No sabía qué debía sentir, ni siquiera podía obl