La puerta se abrió con un sonido suave.
Y entonces lo vi.
Y todo mi mundo se rompió.
Me detuve en seco, congelada en la entrada como si mi cuerpo hubiese olvidado cómo moverse, cómo respirar.
Porque allí, al otro lado de la habitación, de pie detrás de un lujoso escritorio de madera oscura, con la espalda recta y la mirada fija… estaba él.
Luca.
Luca Moretti.
Cinco años habían pasado desde la última vez que lo vi, desde que lo dejé atrás con una promesa rota, un secreto escondido