Nunca pensé que llegaría este día. Que después de tanto dolor, de tantas pérdidas y batallas, podría estar aquí, vestida de blanco, con el corazón desbordando de amor y esperanza. La mañana comenzó con un murmullo distinto en la mansión: el ir y venir de las damas que me ayudaban a arreglarme, los floristas que llenaban cada rincón de la casa con arreglos delicados, los guardias apostados en cada puerta, atentos a todo. Aun en un día como este, la seguridad no podía faltar.
Me miré al espejo y