ELENA.
Ya había oscurecido, estuve todo el día metida en la empresa. Vagaba por mi propio estudio, buscando inspiración para mis diseños. Trazaba líneas con el grafito pero no me convencían...
—No, no, no. ¡Está horrible! —arranqué la hoja y la tiré al piso, así siguieron una tras otra. — ¡Ha! Mi cabeza duele de tanta rabia.
Tocaron la puerta.
—Adelante. —Me di la vuelta y miré al intruso — ¿Qué deseas ahora Ferrer?
—Por favor Elena, solo quiero que me llames Antonio —sonreí de forma cínic