IVAN
Me mantuve oculto entre las sombras, no debían verme. Esos hombres eran peligrosos.
—¡Encuentren a esa zorra! —se escuchó por todo lo alto y lo que hice fue alejarme lo más rápido de ahí.
Corrí a mi choza como alma que lleva el diablo. Golpee la puerta varias veces.
—¡Ubaldo soy Ivan, abre la puerta! —la puerta de madera se abrió y entré apresurado. — ¿cómo sigue ella?
Miré a la pequeña moribunda en la cama, estaba muy herida y había rapones en su bello rostro.
— ¡Mis hijos! Mis hijos. N