Sentada detrás del asiento del copiloto, Luna se quedó dormida por unos instantes. Despertó justo cuando el auto pasó por encima de un bache y, al ver un entorno totalmente desconocido a través de la ventanilla, preguntó curiosa:
—Disculpe, ¿dónde estamos?
—Estamos en Cetramar, al lado de Vallebrisa. Llegaremos en unos 40 minutos.
—Déjeme aquí por ahora —ordenó Luna.
—Pero bueno, ¿no ibas a Vallebrisa? Que sepasDebes saber que ya has pagado y no te voy a devolver ni un solo centavo.
—Lo sé, no