Leonardo le cosió y desinfectó de inmediato la herida, le puso un gotero y esperó hasta que le bajara la fiebre.
A las once de la noche, Ada bajó del apartamento de la planta de arriba con un pequeño refrigerio.
—¿Está mejor?
Leonardo por un momento dejó en la mesa la revista que estaba leyendo muy entretenido y se pellizcó el entrecejo.
—Ya está mucho mejor, puede que se despierte en un buen rato. Voy a quedarme aquí a cuidarlo para que no vuelva a subirle la fiebre, pero tú vete a dormir, ya