El viento mecía con suavidad el pelo de Nadia y le desordenaba con delicadeza los mechones de cabello. Sostenía su conejito de peluche por las orejas, pero en su adorable rostro se mostraba una expresión pánico.
Salió corriendo hacia José, quien se detuvo al verla. Nadia le agarró el cinturón militar y se escondió temerosa detrás de él. Extrañado por sus acciones, extendió un brazo y la cabeza de la chica apareció debajo de esta mientras sus dos manos se aferraban temblorosa a la ropa de José.
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