«Yo fui quien me la llevé. Firmado: José Rojas», rezaba la nota.
El señor Vázquez conocía, naturalmente, a José Rojas. Sabía que ese tipo era tal cual demonio. ¿Qué tenía que ver Nadia con él? De repente, el hombre comenzó a respirar con dificultad por el dolor agudo de su corazón. No fue sino hasta que su mujer sacó unas pastillas de su bolsillo y se las dio que pudo lograr tranquilizarse.
Prisión de la Capital.
En el interior de aquellos gruesos muros de concreto reforzado se alzaba un imponen