—¡Eso sería genial! —contestó Nadia con gran entusiasmo.
Las sirvientas que se llevaron fueron rápidamente reemplazadas por otras. Las nuevas eran igual de hermosas que los anteriores, de figura muy esbelta y vestidas con uniformes que se movían con gracia mientras preparaban una deliciosa comida.
Nadia se puso los zapatos que estas le trajeron. Sin saber que estaba en grave peligro, caminó muy despreocupada hacia la mesa y devoró toda la comida con gran apetito.
Las sirvientas fueron meticulosa