Luna tomó rápidamente el teléfono:
—¿Nadia?
—Snif snif... Luna... —se escuchó el débil llanto del otro lado del auricular.
Al oír el sonido, Luna miró de reojo a Andrés y salió corriendo del invernadero a un lugar más tranquilo. Le preguntó:
—¿Qué pasó?
Nadia, entre sollozos, le respondió:
—Yo... yo... yo... Luna... creo que... metí la pata y estoy embarazada.
—¿Embarazada? —Luna en verdad, no podía creerlo—: ¿Cómo es posible que estés embarazada? ¿Qué sucedió?
Al otro lado de la línea, Nadia