Llegaron al hotel.
José la cargó en brazos en todo el camino y la dejó con cuidado en la cama.
La diadema de perlas de Nadia se cayó en ese instante de su cabello, se quitó irritada el gorro y la bufanda, murmurando:
—...Tengo muchísimo calor.
De alguna manera, la ropa de Nadia se le escurrió poco a poco del cuerpo, y rápidamente sintió frío por estar desnuda.
—Ahora tengo demasiado frío, la manta... Quiero la manta... Hum… José, ¿qué me estás haciendo? ¿Por qué me siento tan rara?
—¿Quieres ha