María alargó la mano e hizo el amago de tocarle la cicatriz del ojo, pero él rápidamente la agarró de la muñeca antes de que llegara a tocarla advirtiéndola con una fulminante mirada.
María no se inmutó en lo absoluto y se levantó de sus piernas, caminó hacia el mueble bar y sirvió dos copas de vino tinto.
—Nadie lo conoce mejor que yo. Andrés ha desarrollado sentimientos por Luna. Tú lo tienes como a un hermano, pero no sé si él pensará lo mismo de ti. Creo que hay algo que aún no sabes...
—¿El