Porque las preocupaciones de Luna... no eran temores infundados. Andrés nunca se había interesado por lo que ocurría en el exterior, especialmente si tenían que ver con José, pero esta vez tomó el teléfono de la mesita de noche y marcó en ese instante un número. Solo eran las nueve y media.
Las luces del edificio del Grupo Prosperidad continuaban aún encendidas, pues los empleados estaban haciendo horas extras. Incluido Álvaro.
—¿Bueno?, ¿Señor director? —Contestó Álvaro muy atento descolgando e