—Sí, señor...
Álvaro no colgó el teléfono y simplemente guardó su teléfono en el bolsillo.
Andrés fue a la cocina, se sirvió un vaso de agua y estaba a punto de colgar cuando de repente... escuchó el llanto de Luna a través del teléfono.
Pero no estaba sola; había otro hombre con ella.
—Te lo prometo, no volverán a hacerte daño... no llores más...
Su mano estaba tibia.
Y su corazón también comenzaba a sentirse bastante cálido.
Él era la primera persona que le decía esas consoladoras palabras.
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