Andrés se agachó un poco y recogió la foto que acababa de caer de su libro. Mientras la miraba detenidamente, su expresión se volvió sombría y le habló con voz fría a María:
—¿No te dije que no vinieras al hospital sin mi permiso?
Dicho esto, se puso de pie, bajó la mirada y su aura sombría se intensificó aún más.
María parecía segura de que Andrés no le haría daño, y se rio con gran frialdad:
—¿Te preocupa tanto lo que le haré? No te preocupes, no le prestaré mucha atención a tan solo una Luna